Desvaríos de una joven estrafalaria

sábado, agosto 26, 2006

¡Ikea, Ikea!

Al fin hoy llegaba el gran día. Después de dormir apenas tres horas, me he despertado gracias a los"petarditos de los cojones" que tiran por las mañanas con motivo de "la Despertà". Pero más que el hecho de que me despierten a las 7 de la mañana, lo que más me jode es cómo lo hacen. Yo estoy plácidamente dormida, con mi ventana abierta. Y de repente, sin previo aviso, comienza el bombardeo. Esos ruidosos petardos, hacen que me despierte sobresaltada, con taquicardia, al borde del infarto. Pero la cosa no acaba ahí, no, no, qué va. Ilusos. Ahora viene lo peor. Como no se conforman con darte el susto casi mortal inicial, continuan con los petarditos, por si todavía no te has enterado. Pero lo malo está, que los tiran justo debajo de mi ventana, de manera que explotan casi a mi lado, que al tener la ventana abierta, me entra el resplandor de la explosión por la ventana. Sólo falta que suenen las sirenas y griten: "Al refugio, al refugio". No te jode. A ver si se acaban ya las fiestas. Siento haberos soltado el sermoncito anti-festero, pero es que si no lo cuento reviento.
Bueno, centrémonos que me voy del tema. Mi padre y yo nos habíamos vestido, y cuando ya estábamos a punto de salir de casa, nos acordamos de que no hemos medido mi habitación, aspecto fundamental para la colocación del mobiliario. Volvemos y buscamos el metro, que no aparecía por ningún lado. Hartos de buscar, cojo una regla de esas grandes que usaba el año pasado en dibujo, y propongo que lo midamos con eso. Así lo hemos hecho, cosa que ha resultado un poco penoso, los dos ahí midiendo la pared con la regla esa. Cuando por fin hemos acabado, con media hora de retraso, hemos salido. Mi padre ha salido cabreado de casa, situación que resulta muy cómica, viéndolo conducir a la vez que hace sus habituales juramentos de toda índole, pero que también tiene su parte de riesgo, porque por motivos que desconozco, el cabreo de mi progenitor es proporcional a la velocidad del coche. Al poco rato, ya se le ha pasado y hemos iniciado una insulsa conversación. De repente dice:
-¡Hostia!
-¿Qué, qué pasa?-pregunto.
- Que como ayer perdí la tarjeta no llevo dinero. Sólo me queda otra tarjeta, pero es de las que te cobran 30 € al mes, y yo lo quiero pagar todo ya, y no estar pagando 30 € al mes durante el resto de mis días.
-Pues vaya. Para eso vamos otro día.
-Podemos mirar, y otro día comprar.
Vaya decepción, vaya chasco de día. Hacer 400 km, para solo "mirar". Cojonudo.
Después de un viaje de hora y media bastante aburrido, hemos llegado a Murcia. Para no perder la tradición, nos hemos perdido al llear a Murcia, y hemos tenido que dar un par de vueltas antes de encontrar el Ikea.
A eso de las 10:30 ya estábamos allí. Habíamos quedado que nos encontraríamos allí con mis tíos, porque ellos también iban hoy a comprar. Les hemos llamado por teléfono, pero no nos aclarábamos dónde encontrarnos, cuando de repente los veo yo a través de un cristal. Estaban en una sala contigüa pero separados por un cristal de por medio, y hablando por teléfono. A todos nos ha recordado a los horarios de visitas de las cárceles, que ponen un cristal entre el preso y el visitante y hay que hablar por un teléfono. Ha sido una situación curiosa. Bueno, después de la pequeña anécdota, cuando ya habíamos logrado encontrarnos, mi padre le ha contado a su querido hermano, la gran desgracia que acarreábamos debido al infortuno extravío de la tarjeta. Carlos, como buen hermano que es, nos ha dicho que el pagaba que ya se lo pagaríamos. Superado ya el contratiempo, hemos empezado a mirar las habitaciones. Mis tíos se han ido por otro lado porque ellos tenían que mirar cosas distintas, y hemos quedado que nos llamaríamos al móvil a la hora de comer. Bueno, mi padre y yo hemos estado dando vueltas por la sección de muebles, hasta que finalmente nos hemos decido por un armario, una cama, una mesa, y unas estanterías. Cuando ya teníamos todo elegido, hemos bajado a la cafetería, para llamar a Carlos y Carmen para preguntarles cómo iban ellos. Pero aquí han empezado las desgracias. Mi padre se había quedado sin batería en el móvil. Entonces, le ha entrado uno de los ataques de furia que le entran a él, pero que afortunadamente, con el paso de los años, he aprendido a controlar y a mantener la calma. He sugerido que fuésemos a información, para que llamaran por megafonía a su hermano. Así lo hemos hecho, y después de dar tropecientas vueltas y hacer una desesperante cola, hemos llegado al mostrador de la megafonía.
-Hola, buenos días. Es que resulta que he perdido a mi hermano, y necesitaría que lo llamaran por megafonía.
(Mirando con desconfianza a mi padre). - Si su hermano es mayor de edad no lo podemos llamar. Sólo avisamos de niños perdidos. ¿Es su hermano menor de edad?
-Err, sííí... Carlos tenía... diecisiete, cumple este año, ¿no? (Me mira).
-Sí, sí. (Hago esfuerzos para contener la risa, tiene 38 años xD).
-Lo siento, pero si es mayor de edad no lo puedo llamar. (No ha colado la estrategia de fingir que Carlos tenía 17).
Mi padre ha insistido un poco más, pero finalmente se ha dado por vencido, y acto seguido, han empezado de nuevo sus injurias.
-¡Me cago en los putos suecos! ¿Pero serán gilipollas? "Sólo llámamos a niños, sólo llamamos a niños", qué hijos de puta, anda y que les den por culo, que yo aquí no compro. Cabrones. Vámonos a Valencia.
- Que no, tranquilo, que esto se arregla enseguida. No pasa nada, vamos a sacar dinero y les llamamos por la cabina.
Accede y vamos hacia el cajero automático de Ikea, y nos encontramos con un cartel pegado en la pantalla: "temporalmente fuera de servicio". Esto ha vuelto a desatar su furia, y ha seguido con sus insultos hacia los suecos. Hemos cogido el coche, hemos salido del aparcamiento de Ikea, y nos hemos encaminado hacia Churra, el pueblo más cercano. Encontramos el cajero, sacamos dinero y buscamos una cabina. Como no teníamos el número de Carlos, (porque os recuerdo que el móvil estaba sin batería, y no podíamos mirar la agenda), tuvimos que llamar primero a Inma, para que llamara a mi abuela para darle el número de Carlos, pero como mi abuela no estaba, tuvimos que llamar a mi otro tío. Total, que después de tropecientas llamadas, conseguimos quedar con mi tío en la cafetería de Ikea. Media hora después, todo aclarado ya, vamos a comprar las cosas que nos faltaban: una lámpara, alfombra, espejo, lámparas, edredón, sábanas, y papelera. Cargados con esas cosas en el carro, hemos tenido que ir al almacén, a recoger los muebles que habíamos apuntado antes. Entre los cuatro, hemos ido metiendo los muebles empaquetados en un carro enorme, que llevábamos entre los cuatro como podíamos. Entonces, nos hemos dado cuenta, de que era bastante probable, de que todos los paquetes, no cupiesen en el coche. Como Ikea te lleva los muebles a casa por un módico precio, hemos pensado que esa era la mejor opción, porque además sería muy engorroso cargar y descargar los muebles. Así que, hemos pagado las cosas de decoración que sí que nos podíamos llevar en el coche, y las hemos guardado en el maletero. Poco después mis tíos se han ido, pero nosotros nos hemos quedado a comer en Ikea, porque con todo el ajetreo, eran las 4 y todavía no habíamos comido. Después de comer, hemos vuelto el coche y hemos iniciado el retorno hacia casa. La vuelta también ha sido bastante aburrida, porque encima había cola y hemos tardado más, pero por lo menos a mi padre ya no le dolía la cabeza y he podido poner un disco de Extremoduro. Cuando hemos llegado a casa, hemos descargado, y como estábamos exhaustos, hemos hecho una siesta para recuperarnos. Por la noche mi padre e Inma han discutido, y de hecho, todavía siguen enfadados.
Los muebles que faltan me los traerán el miércoles, pero todavía tendremos que montarlos. Ya os pondré una foto cuando la habitación esté acabada.