Grandes novedades
Viernes, 1 de septiembre de 2006
GRANDES NOVEDADES.
Últimamente he estado ocupadísima, por lo que ahora os narraré a continuación , y por eso no he podido actualizar el blog como es debido. Además, para más inri, debido a una neura de las que le dan a mi padre, no voy a tener Internet. Todo fue porque se cabreó de repente porque dejábamos el ordenador encencido. Y entonces llamó a Telefónica y nos dio de baja. Así que a partir de ahora, lo que tendré que hacer es escribir en casa, guardarlo en un disquette e ir al ordenador de la biblioteca para colgarlo. Si tener un blog ya era de friki, ahora me voy a superar.
Todo el Martes estuvimos pintando mi futura habitación de blanco, porque antes estaba de un horrible naranja casi fosforescente, qué cosa más horrible, por Dios. Lógicamente, para hacer esa habitación “habitable”, hemos tenido que pintarla de blanco. Yo no había pintado nunca, y al principio todo muy entretenido, pero al poco rato eso ya era un horrible trabajo pesado, que acabé con un dolor de espalda enorme, porque encima Sara y yo habíamos bajado por la mañana los muebles que había antes en esa habitación, porque antes era un despacho. Hemos tenido que bajar por las escaleras unos cuantos muebles que pesaban un quintal, como buenamente hemos podido. Encima, siempre que estábamos a mitad de escalera nos entraba la risa floja, y por poco se nos caían los muebles rodando, pero al final hemos conseguido bajar todos los muebles sin causar ningún daño. Al fin, el miércoles al mediodía ya habíamos acabado de pintar toda la habitación, y estaba completamente vacía, lista para la llegada de los muebles nuevos. Allá a las 5 llegaron los señores de Ikea, que nos tenían que traer los muebles que no nos habían cabido a nosotros en el coche. Nos dejaron los muebles embalados en la entrada, y al rato, después de descansar un poco, mi padre y yo montamos los caballetes de la mesa. Cuando acabamos, los ponemos de pie, y entonces nos damos cuenta de que habíamos puesto las patas mal, porque estaban patizambos. Tuvimos que volverlos a desmontar y volverlos a montar, hasta que conseguimos que tuviesen las patas bien. Después pusimos el cristal que va encima, que es un cristal que lleva grabado la palabra “amor” en muchos idiomas. Así contado sólo por escrito, suena una horterada, pero en la realidad no lo es, os lo juro. Y bueno, también montamos la mesilla de noche, que en realidad no es una mesa de noche, es una mesita de comedor, de estas de centro, (de ahí su tamaño desproporcionado para ser una mesita de noche y que no tenga cajones), pero es que la vi y pensé: “Oh, ella ha nacido para ser mi mesilla de noche”.
A la mañana siguiente, cuando mi padre e Inma se fueron a trabajar, Sara y yo dedicamos la mañana a montar mi cama, que después de unas cuantas risas, lo conseguimos, y nos quedó perfecta. Por lo tarde, continuamos con el montaje de muebles, y empezamos el armario, pero que era mucho más complicado, y de hecho, ahora todavía no lo hemos acabado, pero tampoco queda mucho ya.
Esta mañana tenía que ir a Gandía a enterarme de cómo estaba el tema de mi matrícula en el instituto de Gandía, porque al cabeza chorlito de mi padre, se le olvidó matricularme en Junio, entonces ahora tengo que matricularme en la convocatoria especial de Septiembre, junto con la gente que ha recuperado asignaturas, aunque aun así, creo que no he de preocuparme, porque hay plazas de sobra en el bachiller de Humanidades. Bueno, pues a las 9 nos hemos despertado Sara y yo, para coger el autobús de las 9:30. Sin problemas, lo hemos cogido a tiempo y a las diez de la mañana ya estábamos en Gandía, dispuestas a plantarnos en el IES Ausias March con el fin de informarnos. Llegamos allí, y leemos un cartel que ponía: “Horario de matrículas, a partir de las 10:30”. Como no nos quedaba más remedio que esperar 20 minutos hemos ido a sentarnos a un banco del patio. Cuando hemos pasado se nos han quedado mirando como pensando: “¿Éstas quienes son? ¿Vendrán el año que viene a clase? ¿O qué pintan aquí?”. Cuando ya habían dejado de observarnos, me he puesta a contemplar el patio y el edificio del instituto. El patio era muy pequeño, el de mi anterior instituto (según los cálculos que he hecho en ese momento) es seis veces mayor, y además el suelo era feo (hormigón), y estaba lleno de hojas. El edificio era de los años 60, el típico colegio de la época franquista que se construía con cuatro duros. Y también hemos podido escanear nosotras a la gente que antes nos miraba. Los tíos eran macarras, y las tías también, menos cuatro típicas pijas pavas que también rondaban por ahí. Como ya se había hecho la hora, hemos ido al mostrador de las matrículas, y allí nos han dicho que el sobre lo entregaban el día 6. Como me había llevado una primera mala impresión del IES Ausias March, he propuesto a Sara que fuéramos a ver el otro instituto de Gandía, que estaba a cinco minutos de allí. Cuando después de perdernos y preguntar unas cuantas veces hemos llegado, la primera impresión que me he llevado ha sido mucho mejor que la del otro centro. El patio era el triple de grande, y tenía árboles frondosos, que el otro ni siquiera tenía, y el instituto era más grande y más nuevo, mucho mejor que el otro. Además, a ese instituto van mis amigas de Gandía, que aunque tienen un año más, la mayoría van a mi curso, porque han repetido, pero ya no me agobia pensar en la sensación de llegar allí sin conocer a absolutamente nadie. En ese momento he decidido que prefería ir al María Enríquez que al Ausias March. Me he dirigido al mostrador de las matrículas, pero había un chico que no se enteraba de nada, y me ha dicho que volviera dentro de una semana, pero yo por si acaso le he pedido el número del instituto para ir llamando por si acaso. Después de eso, Sara y yo hemos ido al Mercadona, para comprar la comida de hoy, porque nuestros padres se han ido de viaje de trabajo y no vuelven hasta el Domingo, por lo que estamos solas en casa. Cuando al fin hemos logrado ponernos de acuerdo para comprar la comida de hoy (haríamos ensaladilla rusa y de segundo carpaccio, que es como carne cruda cortada a rodajas muy finas. Sara se había empeñado en que compráramos unos San Jacobos de esos congelados, pero al final la he convencido para que compráramos una comida elaborada, y que no acabásemos comiendo los típicos alimentos pre-congelados de solteronas). Bueno, hemos vuelto a coger el autobús para volver a casa, y cuando hemos llegado nos hemos tirado en el sofá a descansar, y antes de comer hemos estado montando el armario. Después de comer hemos hecho sendas siestas, pero mi querida madre se ha encargado de despertarme a las cinco menos cuarto, con una llamada telefónica muy inoportuna. Un rato después Sara se ha ido a la piscina, y yo me he quedado por casa haciendo el canelo y escuchando música de la década de los 60. Siempre que escucho esa música me pongo melancólica, pero a la vez eufórica, y siempre pienso que me encantaría haber vivido los 60. También se me ha ocurido llamar al María Enríquez, para ver si me enteraba de algo más. El chico que había por lo tarde estaba más espabilado, y me ha preguntado que qué bachiller quería cursar, y que cómo me llamaba, y para mi sorpresa, yo me encontraba en la lista de pre-admitidos. Me ha dicho de que volviera el Lunes con mis notas, y que me darían el sobre de la matrícula, que tendré que entregar unos días después. Entonces ya me he quedado tranquila porque ya me veía yo este año sin escolarizar, y acabando de trapera-basurera por las calles de Valencia: “No, es que yo no pude estudiar porque a mi padre se le olvidó matricularme en el colegio…” A las 20:00 Sara ha vuelto y nos hemos ido juntas al supermercado, porque ahora teníamos que comprar la cena. Hemos decidido que cenaríamos pescado, pero como no nos hemos puesto de acuerdo, al final cada una se ha comprado una pescado diferente (ella lenguado, yo emperador). Cuando hemos regresado a casa , hemos continuado con el armario, y al fin, después de haberle dedicado mucho tiempo al montaje lo hemos acabado. También nos ha quedado muy bien, excepto una puerta que no cierra bien, que tendremos que limarla para que se arregle. Hemos cenado mientras veíamos “El traidor”, que me tiene muy enganchada últimamente. Cuando hemos terminado, Sara se ha ido a un cumpleaños, y yo me he quedado un rato embobada dentro de mi habitación contemplándola, porque me da gusto ver esos muebles tan nuevecitos, tan bonitos…
GRANDES NOVEDADES.
Últimamente he estado ocupadísima, por lo que ahora os narraré a continuación , y por eso no he podido actualizar el blog como es debido. Además, para más inri, debido a una neura de las que le dan a mi padre, no voy a tener Internet. Todo fue porque se cabreó de repente porque dejábamos el ordenador encencido. Y entonces llamó a Telefónica y nos dio de baja. Así que a partir de ahora, lo que tendré que hacer es escribir en casa, guardarlo en un disquette e ir al ordenador de la biblioteca para colgarlo. Si tener un blog ya era de friki, ahora me voy a superar.
Todo el Martes estuvimos pintando mi futura habitación de blanco, porque antes estaba de un horrible naranja casi fosforescente, qué cosa más horrible, por Dios. Lógicamente, para hacer esa habitación “habitable”, hemos tenido que pintarla de blanco. Yo no había pintado nunca, y al principio todo muy entretenido, pero al poco rato eso ya era un horrible trabajo pesado, que acabé con un dolor de espalda enorme, porque encima Sara y yo habíamos bajado por la mañana los muebles que había antes en esa habitación, porque antes era un despacho. Hemos tenido que bajar por las escaleras unos cuantos muebles que pesaban un quintal, como buenamente hemos podido. Encima, siempre que estábamos a mitad de escalera nos entraba la risa floja, y por poco se nos caían los muebles rodando, pero al final hemos conseguido bajar todos los muebles sin causar ningún daño. Al fin, el miércoles al mediodía ya habíamos acabado de pintar toda la habitación, y estaba completamente vacía, lista para la llegada de los muebles nuevos. Allá a las 5 llegaron los señores de Ikea, que nos tenían que traer los muebles que no nos habían cabido a nosotros en el coche. Nos dejaron los muebles embalados en la entrada, y al rato, después de descansar un poco, mi padre y yo montamos los caballetes de la mesa. Cuando acabamos, los ponemos de pie, y entonces nos damos cuenta de que habíamos puesto las patas mal, porque estaban patizambos. Tuvimos que volverlos a desmontar y volverlos a montar, hasta que conseguimos que tuviesen las patas bien. Después pusimos el cristal que va encima, que es un cristal que lleva grabado la palabra “amor” en muchos idiomas. Así contado sólo por escrito, suena una horterada, pero en la realidad no lo es, os lo juro. Y bueno, también montamos la mesilla de noche, que en realidad no es una mesa de noche, es una mesita de comedor, de estas de centro, (de ahí su tamaño desproporcionado para ser una mesita de noche y que no tenga cajones), pero es que la vi y pensé: “Oh, ella ha nacido para ser mi mesilla de noche”.
A la mañana siguiente, cuando mi padre e Inma se fueron a trabajar, Sara y yo dedicamos la mañana a montar mi cama, que después de unas cuantas risas, lo conseguimos, y nos quedó perfecta. Por lo tarde, continuamos con el montaje de muebles, y empezamos el armario, pero que era mucho más complicado, y de hecho, ahora todavía no lo hemos acabado, pero tampoco queda mucho ya.
Esta mañana tenía que ir a Gandía a enterarme de cómo estaba el tema de mi matrícula en el instituto de Gandía, porque al cabeza chorlito de mi padre, se le olvidó matricularme en Junio, entonces ahora tengo que matricularme en la convocatoria especial de Septiembre, junto con la gente que ha recuperado asignaturas, aunque aun así, creo que no he de preocuparme, porque hay plazas de sobra en el bachiller de Humanidades. Bueno, pues a las 9 nos hemos despertado Sara y yo, para coger el autobús de las 9:30. Sin problemas, lo hemos cogido a tiempo y a las diez de la mañana ya estábamos en Gandía, dispuestas a plantarnos en el IES Ausias March con el fin de informarnos. Llegamos allí, y leemos un cartel que ponía: “Horario de matrículas, a partir de las 10:30”. Como no nos quedaba más remedio que esperar 20 minutos hemos ido a sentarnos a un banco del patio. Cuando hemos pasado se nos han quedado mirando como pensando: “¿Éstas quienes son? ¿Vendrán el año que viene a clase? ¿O qué pintan aquí?”. Cuando ya habían dejado de observarnos, me he puesta a contemplar el patio y el edificio del instituto. El patio era muy pequeño, el de mi anterior instituto (según los cálculos que he hecho en ese momento) es seis veces mayor, y además el suelo era feo (hormigón), y estaba lleno de hojas. El edificio era de los años 60, el típico colegio de la época franquista que se construía con cuatro duros. Y también hemos podido escanear nosotras a la gente que antes nos miraba. Los tíos eran macarras, y las tías también, menos cuatro típicas pijas pavas que también rondaban por ahí. Como ya se había hecho la hora, hemos ido al mostrador de las matrículas, y allí nos han dicho que el sobre lo entregaban el día 6. Como me había llevado una primera mala impresión del IES Ausias March, he propuesto a Sara que fuéramos a ver el otro instituto de Gandía, que estaba a cinco minutos de allí. Cuando después de perdernos y preguntar unas cuantas veces hemos llegado, la primera impresión que me he llevado ha sido mucho mejor que la del otro centro. El patio era el triple de grande, y tenía árboles frondosos, que el otro ni siquiera tenía, y el instituto era más grande y más nuevo, mucho mejor que el otro. Además, a ese instituto van mis amigas de Gandía, que aunque tienen un año más, la mayoría van a mi curso, porque han repetido, pero ya no me agobia pensar en la sensación de llegar allí sin conocer a absolutamente nadie. En ese momento he decidido que prefería ir al María Enríquez que al Ausias March. Me he dirigido al mostrador de las matrículas, pero había un chico que no se enteraba de nada, y me ha dicho que volviera dentro de una semana, pero yo por si acaso le he pedido el número del instituto para ir llamando por si acaso. Después de eso, Sara y yo hemos ido al Mercadona, para comprar la comida de hoy, porque nuestros padres se han ido de viaje de trabajo y no vuelven hasta el Domingo, por lo que estamos solas en casa. Cuando al fin hemos logrado ponernos de acuerdo para comprar la comida de hoy (haríamos ensaladilla rusa y de segundo carpaccio, que es como carne cruda cortada a rodajas muy finas. Sara se había empeñado en que compráramos unos San Jacobos de esos congelados, pero al final la he convencido para que compráramos una comida elaborada, y que no acabásemos comiendo los típicos alimentos pre-congelados de solteronas). Bueno, hemos vuelto a coger el autobús para volver a casa, y cuando hemos llegado nos hemos tirado en el sofá a descansar, y antes de comer hemos estado montando el armario. Después de comer hemos hecho sendas siestas, pero mi querida madre se ha encargado de despertarme a las cinco menos cuarto, con una llamada telefónica muy inoportuna. Un rato después Sara se ha ido a la piscina, y yo me he quedado por casa haciendo el canelo y escuchando música de la década de los 60. Siempre que escucho esa música me pongo melancólica, pero a la vez eufórica, y siempre pienso que me encantaría haber vivido los 60. También se me ha ocurido llamar al María Enríquez, para ver si me enteraba de algo más. El chico que había por lo tarde estaba más espabilado, y me ha preguntado que qué bachiller quería cursar, y que cómo me llamaba, y para mi sorpresa, yo me encontraba en la lista de pre-admitidos. Me ha dicho de que volviera el Lunes con mis notas, y que me darían el sobre de la matrícula, que tendré que entregar unos días después. Entonces ya me he quedado tranquila porque ya me veía yo este año sin escolarizar, y acabando de trapera-basurera por las calles de Valencia: “No, es que yo no pude estudiar porque a mi padre se le olvidó matricularme en el colegio…” A las 20:00 Sara ha vuelto y nos hemos ido juntas al supermercado, porque ahora teníamos que comprar la cena. Hemos decidido que cenaríamos pescado, pero como no nos hemos puesto de acuerdo, al final cada una se ha comprado una pescado diferente (ella lenguado, yo emperador). Cuando hemos regresado a casa , hemos continuado con el armario, y al fin, después de haberle dedicado mucho tiempo al montaje lo hemos acabado. También nos ha quedado muy bien, excepto una puerta que no cierra bien, que tendremos que limarla para que se arregle. Hemos cenado mientras veíamos “El traidor”, que me tiene muy enganchada últimamente. Cuando hemos terminado, Sara se ha ido a un cumpleaños, y yo me he quedado un rato embobada dentro de mi habitación contemplándola, porque me da gusto ver esos muebles tan nuevecitos, tan bonitos…

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home