Desvaríos de una joven estrafalaria

miércoles, septiembre 20, 2006

Zafarrancho de limpieza.

Domingo, 3 de Septiembre de 2006

ZAFARRANCHO DE LIMPIEZA

Hoy ya volvían nuestros padres del viaje, entonces hemos tenido que dedicarnos a dejar la casa impoluta.
Yo me he levantado a las nueve, aunque el despertador había sonado a las ocho, pero me encanta quedarme un rato más remoloneando en la cama. Después de desayunar me he dirigido a la papelería de la Font a la que hace tiempo juré no volver, ya que la dueña era una gran borde gilipollas, pero como quería recibir un fax, pues no tenía otro remedio, además, los fines de semana no está la dueña, sino una empleada que sí que es agradable, no como la vieja bruja. Bueno, normalemente estos recorridos los hago en bicicleta para ahorrar tiempo, pero como hoy era temprano, estaba nublado, no hacía calor y no había gente por la calle, he preferido ir andando. A esa hora, me parece que era la única persona menor de 60 años que rondaba por las calles. Por el camino iba deseando que hubiese llegado el fax que mi madre me había enviado el día anterior, con la fotocopia de mi graduado escolar y el libro de familia, documentos imprescindibles para formalizar mi matrícula en el IES María Enríquez. Que por cierto, hablando de María Enríquez, esta tarde, como no tenía nada mejor que hacer, me he puesto a investigar quién era este personaje, pero después de mirar en todas las enciclopedias de las que disponemos en mi casa, sólo he conseguido encontrar a la familia Enríquez, que era de la realeza, pero poco más he podido averiguar, porque ni siquiera nombraban a María, pero cuando ha llegado mi padre (fuente inagotable de sabiduría) me ha contado que María pertencía a la familia de los Borgia, entre los cuales destacaban duques y Papas. Pero volviendo al tema: después de un agradable paseo matutino por las calles de la Font d’en Carròs he llegado a la papelería y afortunadamente, sí que había llegado el fax, y encima no me han cobrado nada. Cuando he vuelto a casa, he empezado la sesión de limpieza, (a todo esto Sara seguía sin fregar), y al poco rato, Sara se me ha unido, y como era de esperar, ha recapacitado y ha fregado. Después de comer,a las tres, me he ido un rato a la cama a descansar, pero sin la intención de dormirme, porque en realidad no me gusta hacer siestas, porque por la noche no puedo dormir, y además, luego me duele la cabeza y tengo la sensación de haber desperdiciado tiempo de mi vida. Pero sin apenas darme cuenta, ya estaba dormida cual vulgar lirón, pero menos mal que por lo menos sólo me he despertado una hora después, no como suele suceder habitualmente, que si no me pongo el despertador puedo despertarme incluso hasta tres horas después. Recién despertada me he ido al comedor a ver la tele, y para mi agradable sorpresa estaban haciendo en esos momentos en CuatrO “Humor amarillo”, el programa ese de los chinos que hacen pruebas, que en realidad es un programa muy tonto, pero que sin poder evitarlo siempre me parto de risa viéndolo (Roxy os lo recomienda si todavía no lo habéis visto). Cuando ya ha acabado, me he ido un rato a mi habitación, y delante del espejo, me he hecho un moño, pero a la vez por delante, como tengo el pelo escalonado, me he dejado unos mechones sueltos para que vista mi cabeza desde enfrente, no se viese el moño que ocultaba detrás y así pareciese que llevaba una melena corta, estilo de los años 20. Y la verdad es que me ha gustado como me quedaba, que estoy tentada a cortármelo así, pero tampoco me atrevo porque a lo mejor luego me queda horrible, pero en fin, si algún día me da el venazo (o “m’agarra una locà” como se dice por estas tierras) puede que me lo corte. Poco más interesante por la tarde, hasta que ha llegado mi padre y hemos colgado el espejo de la pared. Le ha costado un poco y se ha puesto nervioso, y como de costumbre ha empezado con sus juramentos: “Y un nabo por el culo para el jodido espejo”. Pero al final, después de pelearse un buen rato con los tornillos y tacos, ha conseguido colgarlo de la pared, y luego estaba orgulloso de su proeza, y cada poco me decía: “¿No vas a mirarte en el espejo, no te miras? Con lo bien que ma ha quedado, ¿eh?”