Recogida de la matrícula: segundo intento fallido.
Lunes, 4 de Septiembre de 2.006.
Recogida de la matrícula: segundo intento fallido.
Tal como me había dicho el secretario del instituto al que llamé el Viernes por teléfono, hoy tenía que ir a recoger la matrícula, así que como mi padre se iba a las ocho de la mañana a trabajar en coche, pues me ha llevado a Gandía y así no tenía que coger el autobús. A las ocho y media de la mañana ya estaba en el instituto. Primero he ido a secretaría a que me diesen la matrícula, pero me han preguntado si era nueva en el centro, entonces cuando les he dicho que sí, me han contestado que entonces tenía que ir a hablar a las oficinas, pero que no las habrían hasta las nueve. Me he sentado en un banco a esperar, (qué remedio), hasta que por fin han abierto. Cuando ya he acabado con los papeleos en la oficina, me han dicho que ya podía ir otra vez a recoger la matrícula a la secretaría. He vuelto, he pagado los tres euros y me la han dado, y eufórica (pensando: “ahora sí que sí, ya tengo la matrícula”) he salido del instituto. Todavía quedaba una hora y media para que viniese el autobús que me llevaría a la Font, entonces he aprovechado para comprar unos tornillos que me había encargado mi padre para colgar una estanterías, pero aún así, me ha sobrado muchísimo tiempo, casi una hora, que he estado sentada en un banco leyendo una revista. Ah y por el camino me he encontrado un ciego, que como buena ciudadana que soy, le he ayudado a ir po una acera que estaban en obras. A las 11:05 ha llegado el autobús, que tarda casi media hora en llegar a mi casa, aj. Cuando he bajado, como la parada está cerca de la biblioteca, he pensado “pues voy a ir a ver si encuentro algo interesante”. Llego y todavía estaba cerrada, porque abrían a las 11:30, pero como sólo quedaban unos minutos me he quedado en la puerta esperando y hojeando los papeles que llevaba en la mano, cuando de repente, casi se me hiela la sangre al no encontrar el sobre de mi matrícula. Se me acelera el pulso y empiezo a rebuscar entre los otros papeles que llevaba, pensando: “no puede ser, no puede ser”, pero ha resultado que “ si que podía ser”, que se me habría caído o me la habría dejado en el banco que esperaba el autobús. He vuelto a casa y he llamado a mi padre al trabajo: “Hola papá… Verás, bueno, no te enfades que no pasa nada… que esto le puede pasar a cualquiera…” Cuando se lo he contado, no se ha enfadado mucho sólo me ha dicho que soy una inútil (esta vez tenía razón), y que esa misma tarde volviese a por la matrícula. Para que no se me hiciese tan aburrido volver a Gandía he llamado a mi amiga Mireya, que es de allí, para así quedar e ir juntas y luego si acaso dar una vuelta. Por lo menos no he tenido que coger el autobús, que mi padre me ha llevado a Gandía, y me ha dejado en el instituto. He vuelto al mostrador de secretaría y les he contado todo el rollo de que había perdido la matrícula, y me contestan que por la tarde no está el que se encarga de las matrículas, que volviese el Martes por la mañana. Grrr! Enseguida ha aparecido Mireya, y nos hemos ido hasta la playa dando un agradable paseo en moto. Ah, se me olvidaba, por el camino hemos parado en el único gimnasio de judo de Gandía, al cual lógicamente, me voy a apuntar. Bueno, después de que me dieran la información (Lunes, Miércoles, y Viernes de 20:30 a 21:30), me presentaran a mi futuro entrenador, y me preguntaran que qué carrera estudiaba (JA!, y yo: “No, es que voy a empezar bachiller…”) hemos continuado hasta la playa, donde nos esperaban Cris y Pablo, para que fuésemos a comprar el regalo de cumpleaños de Rocío. Hemos dado un paseo de una hora, hasta que al final Cris le ha comprado una cartera. Cuando ya la habíamos comprado, hemos ido hasta su urbanización para dársela, y como ya se nos hacía tarde, hemos vuelto hasta casa de Mireya, para dejar la moto y que su tía me llevase hasta la Font en coche (menos mal, porque no me apetecía nada volver a coger el autobús).
Recogida de la matrícula: segundo intento fallido.
Tal como me había dicho el secretario del instituto al que llamé el Viernes por teléfono, hoy tenía que ir a recoger la matrícula, así que como mi padre se iba a las ocho de la mañana a trabajar en coche, pues me ha llevado a Gandía y así no tenía que coger el autobús. A las ocho y media de la mañana ya estaba en el instituto. Primero he ido a secretaría a que me diesen la matrícula, pero me han preguntado si era nueva en el centro, entonces cuando les he dicho que sí, me han contestado que entonces tenía que ir a hablar a las oficinas, pero que no las habrían hasta las nueve. Me he sentado en un banco a esperar, (qué remedio), hasta que por fin han abierto. Cuando ya he acabado con los papeleos en la oficina, me han dicho que ya podía ir otra vez a recoger la matrícula a la secretaría. He vuelto, he pagado los tres euros y me la han dado, y eufórica (pensando: “ahora sí que sí, ya tengo la matrícula”) he salido del instituto. Todavía quedaba una hora y media para que viniese el autobús que me llevaría a la Font, entonces he aprovechado para comprar unos tornillos que me había encargado mi padre para colgar una estanterías, pero aún así, me ha sobrado muchísimo tiempo, casi una hora, que he estado sentada en un banco leyendo una revista. Ah y por el camino me he encontrado un ciego, que como buena ciudadana que soy, le he ayudado a ir po una acera que estaban en obras. A las 11:05 ha llegado el autobús, que tarda casi media hora en llegar a mi casa, aj. Cuando he bajado, como la parada está cerca de la biblioteca, he pensado “pues voy a ir a ver si encuentro algo interesante”. Llego y todavía estaba cerrada, porque abrían a las 11:30, pero como sólo quedaban unos minutos me he quedado en la puerta esperando y hojeando los papeles que llevaba en la mano, cuando de repente, casi se me hiela la sangre al no encontrar el sobre de mi matrícula. Se me acelera el pulso y empiezo a rebuscar entre los otros papeles que llevaba, pensando: “no puede ser, no puede ser”, pero ha resultado que “ si que podía ser”, que se me habría caído o me la habría dejado en el banco que esperaba el autobús. He vuelto a casa y he llamado a mi padre al trabajo: “Hola papá… Verás, bueno, no te enfades que no pasa nada… que esto le puede pasar a cualquiera…” Cuando se lo he contado, no se ha enfadado mucho sólo me ha dicho que soy una inútil (esta vez tenía razón), y que esa misma tarde volviese a por la matrícula. Para que no se me hiciese tan aburrido volver a Gandía he llamado a mi amiga Mireya, que es de allí, para así quedar e ir juntas y luego si acaso dar una vuelta. Por lo menos no he tenido que coger el autobús, que mi padre me ha llevado a Gandía, y me ha dejado en el instituto. He vuelto al mostrador de secretaría y les he contado todo el rollo de que había perdido la matrícula, y me contestan que por la tarde no está el que se encarga de las matrículas, que volviese el Martes por la mañana. Grrr! Enseguida ha aparecido Mireya, y nos hemos ido hasta la playa dando un agradable paseo en moto. Ah, se me olvidaba, por el camino hemos parado en el único gimnasio de judo de Gandía, al cual lógicamente, me voy a apuntar. Bueno, después de que me dieran la información (Lunes, Miércoles, y Viernes de 20:30 a 21:30), me presentaran a mi futuro entrenador, y me preguntaran que qué carrera estudiaba (JA!, y yo: “No, es que voy a empezar bachiller…”) hemos continuado hasta la playa, donde nos esperaban Cris y Pablo, para que fuésemos a comprar el regalo de cumpleaños de Rocío. Hemos dado un paseo de una hora, hasta que al final Cris le ha comprado una cartera. Cuando ya la habíamos comprado, hemos ido hasta su urbanización para dársela, y como ya se nos hacía tarde, hemos vuelto hasta casa de Mireya, para dejar la moto y que su tía me llevase hasta la Font en coche (menos mal, porque no me apetecía nada volver a coger el autobús).

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