Desvaríos de una joven estrafalaria

domingo, diciembre 17, 2006

Salidita por el Carmen.

Capitana Pagana de nuevo al teclado.Perdón por mi deje de los últimos días (por no decir meses), pero es que entre que no tenía Internet y tenía que ir a la biblioteca a colgar el blog y no tenía tiempo con los exámenes, pues lo he ido dejando dejando. Pero no os preocupéis que eso va a cambiar radicalmente. Esto va a volver a ser lo que era antes, ahora que vuelvo a tener Internet. Tengo tantas cosas que contaros que no sé ni por dónde empezar. Veamos, primero os explicaré por qué tengo Internet. Resulta, que aquí en Gandía, organizaban un concurso de narrativa breve, con motivo del 25 de Noviembre, que es el día contra la violencia de género. Pues bien, nos lo dijo nuestra profesora de valenciano, que podíamos participar, y que además el primer premio era un ordenador portátil. Fue decir lo del portátil y yo abrir un ojo. Hacía un montón de tiempo que quería uno, y no hacía más que comerle la cabeza a mi madre para que me lo regalara para Reyes. Total, que cuando oí que decía la profesora lo del concurso, pensé: "¡Coño, esta es mi oportunidad!" Así que me puse a ello, a escribir un relato de 15 páginas cuyo tema girara en torno a la violencia contra la mujer, y aquí me veis ahora, escribiendo delante de un portátil. No sé por qué pero lo presentía. Y bueno, que yo más contenta que unas pascuas. Lo necesitaba, cualquier escritor que se precie ha de tener un portátil, para poder plasmar sus ideas allá donde vaya.
Más cosas: el colegio y eso va bien, voy tirando, aunque la verdad, soy una vaga. Mañana mismo tengo un examen de griego y todavía no he empezado a estudiar, y son las 18:30 de la tarde. Pero en fin, tampoco es para tanto, bachiller no es tan dificil, así que menos lobos, caperucita. Simplemente es agobiante.
Este finde que he estado en Valencia no ha estado muy allá. El viernes cuando llegué a Valencia, mi madre estaba cabreada, porque se me había olvidado llevarle para que leyera el relato con el que había ganado el concurso, y eso se ve que le dio mucha rabia, y a partir de ese motivo se fue cabreando cada vez más por cosas tontísimas, así que me castigó a no salir. Me dejó sola en casa y cerró con llave. O sea, que no podía ni salir de casa y ni siquiera invitar a nadie, y para colmo, me desconectó Internet. Me sentía como un mono enjaulado paseando por su celda de un lado a otro. No podía hacer nada, y me estaba desesperando cada vez más, hasta que por fin mi madre volvió y me abrió la puerta de casa, que seguía castigada, pero al menos podía invitar a alguien, así que llamé a Raquel y se vino a mi casa a pasar la tarde, lo que arreglo un poco el asunto, pero si no creía que me iba a dar un patatús. Por la noche mi madre se empeñó en que fuéramos a cenar a casa de unos amigos suyos que tenían un chalet en Bétera. Resulta que el amigo en cuestión era músico, pero músico profesional ¿eh?, y esa noche había invitado a otra amiga suya que cantaba zarzuela, para que repasaran la última actuación, y nosotros hacíamos de público. La tía tenía una voz impresionante, pero a partir de la tercera canción ya me empecé a aburrir, porque más o menos sonaba todo igual, pero bueno, fue curioso. Eso sí, un viernes noche y yo, una joven de dieciseis años, escuchando zarzuela en directo. Lo más normal. Después de la actuación cenamos (que ya tocaba), y cuando acabamos, como el señor ese era músico como ya he dicho, pues tenía un casa un karaoke de profesional, y claro, y mi madre y sus amigotas se pusieron a cantar (qué espectáculo, por Dios). Pero ahora viene lo peor: mi madre se había empeñado en que cantara yo. Yo lógicamente me negaba, hasta que como vi que estaba muy pesada y no sé por qué tenía un extraño y especial interés en que cantara, por lo menos decidí aprovecharme de la situación, ya que estaba viendo que no tenía escapatoria, así que le dije: "Si canto, ¿me pagas tú el regalo que le tengo que comprar mañana a Anaí? Y mi madre: "Vale, sí". Así que, deseando acabar lo antes posible cogí el micro y empecé a cantar una canción de esas del año de la picor. Eso sí, para ser fieles a la verdad, he de decir que al final le cogí el gusto al cante y me dio hasta pena acabar la canción, pero eso que quede entre nosotros. Como mi madre estaba cansada, y no le apetecía volver a casa, dormimos ahí, que habían habitaciones de sobra (era rico).Por la mañana, nos despertamos a las diez, y para desayunar me comí un montón de bombones Ferrero Rocher que había cogido disimuladamente de la montaña que había puesto el señor rico. Nos fuimos al centro, a comprar el regalo de Anaí, y no sé por qué extaño motivo, pero está demostrado, es ir al centro con mi madre y enbroncarnos. Ya ni me acuerdo ni a qué vino la discusión, pero la cuestión es que acabamos peleadas, entonces mi madre empezó a meterme prisas, con que nos fuéramos ya, que en ese sitio hacía mucho calor y se iba a desmayar, entonces yo le contesté que no hacía calor, que eso era que estaba ya menopáusica, y ahí ya fue cuando se enfadó del todo. No hay otra cosa que le joda más a una mujer de cuarenta y tantos que le digas que está menopáusica. Bueno, pues elegí la camiseta (bien preciosa) y salimos de allí pitando. Cuando llegamos a casa, mi madre seguía picada, pero entonces le hice un poco la rosca, para que me dejara salir por la noche, limpié mi habitación y fregué y se le pasó un poco el mosqueo. A las cinco, bajé a casa de mi vecina, como habíamos quedado para ir al cumpleaños, y fuimos hasta donde habíamos quedado con Anaí, que era la que celebraba su cumpleaños y cogimos el autobús. LLegamos al Saler, y fuimos directas a un sitio que tiene un normbre inglés que no me acuerdo como se llama, pero que venden gofres, tortitas, brownies, y demás cosas hipercalóricas. Pedimos, y nos pusimos como cerdas (siento usar esta expresión tan poco finolis, pero es que es la verdad, yo me pedí un gofre con chocolate y nata y un batido de chocolate). Bueno, el cumpleaños transcurrió con normalidad, le dimos los regalos y tal, y bueno, pues lo típico. Después de los regalos, Silvia, Raquel, Nuria, y yo, nos fuimos al baño, y dejamos a las otras en la mesa. Allí empezamos a discutir , pero de cachondeo, sobre los emos, que no sé por qué a todo el mundo les gustan, y yo los odio. Pues bueno, Nuria, "la defensora de los emos, nº2", se empeñaba en que molaba hacerse la raya del ojo como los emos, cosa en la que yo discrepaba totalmente. Cuando acabó la discusión de la raya, empezó la gracia del día. Se me veían las bragas por detrás, o sea, lo típico, y cuando me di cuenta, dije: "Uy, qué horror, ¿por qué no me habéis avisado?" Y acto seguido me subí el pantalón, hacia arriba, para que no se viera nada, como debe ser. Entonces fue cuando Nuria soltó la gracia: "Uy cuidado, señora que vive atrancada en los años sesenta, que vienen los grises, y si enseña las bragas, la detienen." Si no estábais allí no tiene gracia, porque os perdisteis el contexto, pero bueno, no importa, la cuestión es que estuvimos ya el resto de la tarde con la gracia: "Corre Aurora, que vienen los grises". A todo esto, en el baño había una máquina de cepillos de dientes portátiles, y Silvia que es una caprichosa, se empeñó en comprarse uno. Tiró la monedita, y le salió el de color negro, y ella ese no lo quería, ella quería el rosa, pero entonces Nuria, como era negro como los de los emos, se lo compró a Silvia, y así Silvia pudo volver a tirar la moneda, y entonces le salió azul, que no era el rosa pero no estaba mal. Y al final, después de media hora en el baño, nos fuimos y volvimos a la mesa, donde habíamos dejado a las otras, que estaban ya cansadas de esperar. Dimos una vuelta, y enseguida Raka y yo nos fuimos a coger el autobús, porque queríamos comprar alcohol para esa noche antes de que nos cerraran el Mercadona. El autobús nos dejó en el centro, y fuimos corriendo hasta el Mercadona para pillarlo abierto. Corrimos como locas, y encima con zapatos, que a mí el derecho me venía grande y se me salió en medio de un paso cebra y tuve que volver atrás a por él. Se cumplió la ley de Murphie, y el supermercado cerraba a las 21:15, en vez de a las 21:30. Pero vamos a ver, ¿qué mariconada es esa de cerrar a y cuarto? A en punto, o a y media, no a y cuarto, dejando las cosas a mitad. Cabreadas, nos volvimos a mi casa, donde cenamos, y de allí partimos hacia el Carmen, donde nos reuniríamos con el resto de la gente.

Inicio de curso

Del Lunes,18/9 hasta el Viernes, 22/9/06
PRIMERA SEMANA DE COLEGIO.
Estaba ya ansiosa por ir al colegio, que después del viernes quería repetir. Había quedado con Mireya en su casa, para llegar pronto a clase y así coger sitio para sentarnos juntas. A las ocho he pasado a por ella, y hemos ido hasta el colegio. Cuando hemos llegado todavía no había nadie, así que hemos podido sentar juntas en primera fila (es que este curso queremos aplicarnos). Nos hemos sentado en la primera fila Mireya, Anabel, Ana y yo. Yo estoy sentada justo delante del profesor, qué fiesta. La primera clase que teníamos era Valenciano. Llega la profesora, Ana, de unos cincuenta años, y parecía una mujer muy agradable, aunque he de decir que por supuesto, no supera a Férran, que es el mejor del mundo: “FÉRRAN TE ECHO DE MENOS, NINGÚN PROFESOR TE IGUALARÁ JAMÁS. SEMPRE ALERTA.” Bueno, después de este pequeño delirio ferránico (ya tengo hasta un campo semántico de Férran), continuo. Después tuve castellano, una mujer con acento andaluz, pero un poco sosa. Antes del recreo, tenía francés, la asignatura que más curiosidad tenía. Yo nunca he ido a francés, por lo que no tengo ni idea, pero en la matrícula ponía que no pasaba nada si no habías ido nunca a francés. Pero mi profesora de francés es imbécil. Para empezar tiene como una especie de tic sonoro, o sea, que cuando habla le salen una especie de gallos. Si ya me cuesta entenderla cuando habla en castellano, pues en francés ya ni te digo. Le digo que no he ido nunca a francés y me dice que entonces voy a sacar un cero. Asquerosa, ¿eh? Se va a enterar esa vieja de quién soy yo. Cuando acabó la clase salimos al recreo, que aquí es un timo, y sólo duran 25 minutos, y luego no tenemos el descanso de diez minutos como en Abastos,no. Todo seguido, cuatro horas de golpe, como los japoneses. Cuando acabó el recreo, subimos a clase (tres pisos), que nos tocaba filosofia. Ahí es cuando me asusté yo. El libro, tochísimo, 300 páginas, y además nos dice que nos descarguemos los apuntes complementarios del tema 1 de Internet. Por la tarde entro a su página, pensando que serían 2 ó 3 páginas, y qué va (ilusa), eran 32 a letra 10. Y encima el profesor, para animarnos, dice que según las estadísticas de 1º de bachiller del instituto, un 70% suspende filosofia, por lo que es la asignatura más suspendida de todas. En esos momentos pensé cuánto iba a echar de menos a Rafa Cuesta y sus libritos de ética de Savater de sólo 70 páginas. Pero conforme ha ido pasando la semana, he estado estudiando filosofia, y me parece muy entretenida, que engancha un montón, y no es tan difícil como parecía. Ha pasado a ser de mis asignaturas favoritas. Bueno, la verdad, es que este año me gustan todas las asignaturas, estoy encantada con mi bachiller, lo mío son las letras puras, puras, puras. Después tuvimos historia, con Ximo. Durante toda la semana estuvo hablando de China, porque se había ido allí de vacaciones, y estaba muy pesadito, toda la puta semana hablando de los chinos. No se le acaba el tema nunca, que si los chinos esto, que los chinos tal, que si los chinos inventaron no se qué… ¡Qué pesado, nano! El lunes ya se había pasado, rapidísimo por cierto. El martes tenía latín, con Roser, que es muy buena mujer y se explica muy bien. Además el latín también es muy interesante, además mola después soltar frases en latín para hacerme la interesante. También tuvimos griego, con Álvaro, que también mola. Es de los más jóvenes, treinta y pocos, y es un poco friki, pero me parto con él. Le dan los venazos de hablar en inglés, y también tiene su página web, que la actualiza cada día, con lo que hemos hecho en clase, un blog, y muchísimas cosas más (también ha puesto una foto nuestra). El otro día nos estaba enseñando el alfabeto griego, pone una letra en la pizarra, y nos pregunta: “¿De qué tiene forma esta letra?... ¿No lo véis? ¡Pero si es la nave de Darth Vaider el de la Guerra de las Galaxias vista de perfil!” Y todos: Síííí, claaaro. (Qué friki). Pero gracias a la nave no se me ha olvidado esa letra, xD. Griego se sale, porque durante esta semana hemos aprendido a leer ya, aunque vamos muy lentos, como los niños pequeños, pero es gratificante ver un montón de signos hasta entonces desconocidos, y saber qué pone ahí. Y también podemos escribir cosas en griego, cuando me aburro me da por traducir los nombres de la gente al griego. Bueno, y eso, que el griego muy bien, (no penséis mal, pequeñas mentes calenturientas), además tampoco parece tan difícil, y las clases pasan rápido. Después del recreo teníamos inglés, con nuestra tutora. Inglés como siempre, es fácil, pero la tía manda un montón de deberes, pero no es que sean difíciles, pero pierdo tiempo tontamente. El resto de día bien, igual que el resto de la semana. Pero todavía nos faltaba conocer a una profesora: la de gimnasia. Está loca. Pero muy loca. Pero no loca de “Es una bruja, nos ha puesto un montón de deberes para mañana, la muy loca.” No, no, loca de trastorno mental. Entra a clase, ni se presenta, ni pasa lista ni nada. Empieza directamente con un miting. Que los jóvenes de hoy en día somos unos prepotentes, que le importamos una “puta mierda” (textualmente), y así toda la hora con un sermón incoherente. Porque no es lo típico de que los profesores enseguida se enrollan con cualquier tema, no. Esta no sé ni qué decía. Incoherencias. Y que nos iba a suspender a todos, por listos. Toda la clase flipando, lógicamente. Pero lo peor era que chillaba, y encima se ponía delante de ti , a un palmo, y te señalaba con el dedo, diciendo : “Túuu”. Como una loca. En una de esas se me pone a mi delante, me señala con el dedo, me dice que tengo que superarme a mí misma, pero que yo a ella le importo una mierda. Yo casi estaba asustada, que pensaba que en cualquier momento me mordía. La clase era una mezcla entre pánico, sorpresa, y cachondeo. Porque claro, si te veía riéndote, yo que sé que te haría, te corta el cuello. El jueves tuvimos otra clase con ella, y no os creáis que la cosa cambió: más de lo mismo, ni siquiera bajamos al gimnasio, estuvimos en clase aguantando el sermón. Ya veremos cómo va este curso.