Desvaríos de una joven estrafalaria

lunes, septiembre 25, 2006

VIAJE A VALENCIA

Jueves, 7 de Septiembre de 2.006

A las 9:30 habíamos quedado en la estación para ir a Valencia de compras Mireya, Lidia, Sandra y yo, para coger el tren de las 9:47. Lidia estaba histérica, porque le daba yuyu el tren, y además siempre se mareaba. Llevaba preparado un chicle anti-mareos que se ha tomado nada más salir de la estación. Una hora después, hemos llegado a Valencia, y hemos empezado a mirar tiendas. Yo me sentía importante, porque era la única que me conocía Valencia, y hacía de guía turística sabelotodo. A la una, de tanto andar ya estábamos muertas de hambre, y hemos parado a comer en una bocatería. Pedimos los bocadillos y nos sentamos a comérnoslos en las mesas que tenían en la planta de arriba. Y no sé cómo ha salido el tema, pero hemos acabado hablando de Tintín, el personaje de comic, que Sandra no sabía quién era, y Lidia ha intentado explicárselo, imitando con la mano la cresta que tiene Tintín en la cabeza. Entonces, unas mesas más allá, había un chico de nuestra edad con una cresta muy exagerada y que estaba con su novia. Su novia nos estaba mirando, y se pensaba que con los gestos que estaba haciendo Lidia, se refería a su novio, y que estábamos hablando de él, y nos ha echado una mirado de odio de “ni miréis a mi novio”. Entonces nos ha entrado la risa floja, a Mireya se le ha caído el bolso y han salido los tampones rodando. Yo que estaba bebiendo Coca-cola, casi me ahogo, porque me ha entrado otro ataque de risa. Cuando ya nos habíamos calmado, hemos salido de allí y hemos seguido de tiendas. A las cinco, teníamos que ir a mi casa, para recoger unas cosas, pero como nos sobraba tiempo, hemos ido andando, pero hemos llegado agotadas. Después de estar un poco en mi casa, hemos salido porque teníamos que darnos prisa si no queríamos perder el tren de vuelta. He propuesto coger un taxi, porque entre cuatro que éramos, nos salía más barato que coger el metro. Y entonces suelta Lidia:
- Vale, pues cogemos un taxi. Pero no tenemos el número de teléfono.- En Gandía, que es una ciudad pequeña, no hay taxis circulando por las calles, sino que tienes que llamar a teletaxi y el taxi sale de la central y va a recogerte.
-No, aquí no hace falta número.-le explico.
-¿No? ¿De verdad? ¿Entonces hay que llamarlo con el brazo? (Emocionada)
-Sí…
-¿Como en las películas?
-Sí…
-Uy, uy, qué emoción. Yo lo llamo, yo lo llamo. (Y empieza a practicar los gestos de llamar al taxi: “Taxi, taxi”)
-Jajajaja.
Enseguida pasa uno, Lidia lo llama, subimos, y llegamos rápidamente a la estación. Allí me encuentro a David, alias “El Serra”, a quien saludo y después subimos al tren, que estaba llenísimo, y no nos hemos podido sentar juntas hasta mitad camino, pero a todas se nos ha hecho muy corta la vuelta. A las siete ya estábamos en Gandía, y para recuperar fuerzas, nos hemos sentado en una terracita a tomar algo, hasta las ocho que venía mi padre a recogerme para volver a la Font.
Por cierto, yo me he comprado una camiseta roja con mariposas negras, que es la que voy a llevar el primer día de colegio, y una colonia.