Comida en casa de Mireya
Miércoles, 6 de Septiembre de 2006.
Comida en casa de Mireya.
Me he levantado pronto, a las ocho de la mañana ya estaba en pie, porque para evitar el síndrome pos-vacacional, hay que ir acostumbrándose a los horarios antes de que empiecen de verdad. A esas horas no sabía qué hacer, hasta las doce que había quedado con Mire. Al final he acabado tirada en el sofá viendo programas de cocina matutinos ( lo próximo va a ser acabar viendo “Saber vivir”, qué horror). Lo peor es que el programa ese de cocina (sopa de calabacines y lomo relleno), enganchaba, y por su culpa casi pierdo el autobús que me llevaba a Gandía. Me he vestido con lo primero que he pillado y he salido pitando de casa, pero cuando he llegado a la parada, para mi sospresa el autobús todavía no estaba allí. Ha tardado más de la cuenta, y cuando ha llegado todavía no podía arrancar porque el conductor tenía que hacer no se qué antes de salir. Total, que hemos llegado a Gandía con un cuarto de hora de retraso, y cuando he llegado al punto de la estación donde había quedado con Mireya, no había nadie. Entonces he pensado que a lo mejor Mireya había estado esperando, pero habría pensado que le había dado plantón y se ha ido. O también que ella llegara tarde. En esas estaba cuando la veo llegar. La saludo y me explica que en el instituto la han entretenido porque ha tenido que hablar con una profesora por el tema de las recuperaciones y tal. Bueno, subimos en la moto y fuimos a hacer unos recados: pagar la matrícula, comprar queso, devolver un libro, y alguno más que se me escapa. Cuando llegamos a su casa nos estaba esperando su madre con la comida hecha, que afortunadamente me gustaba, porque yo soy un poco especial para eso de las comidas. Pero como se le había olvidado comprar mayonesa nos mandó a Mireya y a mí al Consum, (sé que no os importa, pero yo os lo cuento) que estaba justo debajo de casa. Entramos al Consum, y empezamos a oír una canción de una niña tonta que tenía un pompón, y Mireya y yo nos quedamos flipando de oír a la niña esa. Después de una cortés comida donde Aurora saca su lado más educado, nos vamos a su habitación a charrar un rato, y me empieza a enseñar fotos y a contar quién ira a mi clase. Allá a las 5, nos vamos a Daimuz (un pueblo que está al lado), a recoger a Isabel. Llegamos allí pero Isabel al final no se venía porque había quedado con su novio. En eso llama mi padre que en media hora vendría a recogerme en la estación, que le esperásemos allí. Salimos de Daimuz (se nos hacía tarde) y llegamos a la estación a tiempo, pero mi padre que es un tardón, todavía no había llegado. Con diez minutos de retraso, al fin llega, Mireya y yo nos despedimos y quedamos para el día siguiente, para irnos de compras a Valencia.
Comida en casa de Mireya.
Me he levantado pronto, a las ocho de la mañana ya estaba en pie, porque para evitar el síndrome pos-vacacional, hay que ir acostumbrándose a los horarios antes de que empiecen de verdad. A esas horas no sabía qué hacer, hasta las doce que había quedado con Mire. Al final he acabado tirada en el sofá viendo programas de cocina matutinos ( lo próximo va a ser acabar viendo “Saber vivir”, qué horror). Lo peor es que el programa ese de cocina (sopa de calabacines y lomo relleno), enganchaba, y por su culpa casi pierdo el autobús que me llevaba a Gandía. Me he vestido con lo primero que he pillado y he salido pitando de casa, pero cuando he llegado a la parada, para mi sospresa el autobús todavía no estaba allí. Ha tardado más de la cuenta, y cuando ha llegado todavía no podía arrancar porque el conductor tenía que hacer no se qué antes de salir. Total, que hemos llegado a Gandía con un cuarto de hora de retraso, y cuando he llegado al punto de la estación donde había quedado con Mireya, no había nadie. Entonces he pensado que a lo mejor Mireya había estado esperando, pero habría pensado que le había dado plantón y se ha ido. O también que ella llegara tarde. En esas estaba cuando la veo llegar. La saludo y me explica que en el instituto la han entretenido porque ha tenido que hablar con una profesora por el tema de las recuperaciones y tal. Bueno, subimos en la moto y fuimos a hacer unos recados: pagar la matrícula, comprar queso, devolver un libro, y alguno más que se me escapa. Cuando llegamos a su casa nos estaba esperando su madre con la comida hecha, que afortunadamente me gustaba, porque yo soy un poco especial para eso de las comidas. Pero como se le había olvidado comprar mayonesa nos mandó a Mireya y a mí al Consum, (sé que no os importa, pero yo os lo cuento) que estaba justo debajo de casa. Entramos al Consum, y empezamos a oír una canción de una niña tonta que tenía un pompón, y Mireya y yo nos quedamos flipando de oír a la niña esa. Después de una cortés comida donde Aurora saca su lado más educado, nos vamos a su habitación a charrar un rato, y me empieza a enseñar fotos y a contar quién ira a mi clase. Allá a las 5, nos vamos a Daimuz (un pueblo que está al lado), a recoger a Isabel. Llegamos allí pero Isabel al final no se venía porque había quedado con su novio. En eso llama mi padre que en media hora vendría a recogerme en la estación, que le esperásemos allí. Salimos de Daimuz (se nos hacía tarde) y llegamos a la estación a tiempo, pero mi padre que es un tardón, todavía no había llegado. Con diez minutos de retraso, al fin llega, Mireya y yo nos despedimos y quedamos para el día siguiente, para irnos de compras a Valencia.

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