En estos momentos, estoy viviendo en Gandía, pero el martes, pensé en bajar a Valencia, para ver a los pocos amigos que quedan ahora en verano en la desértica ciudad. Total, que cogí el tren y me vine a Valencia. Esa misma tarde quedé con Raquel para dar una vuelta por el centro, y de paso quedar para hacer unas compras que necesitaba hacer, pero “Oh, mi gozo en un pozo”, porque ese día era fiesta nacional y cerraban todos los comercios, vaya por Dios. Bueno, fuimos a un banco a sentarnos, y entonces se nos ocurrió la fantástica idea de salir esa noche al Carmen. Pero esa noche, sólo podíamos salir Juanjo, Raquel y yo, pero como estábamos tan asqueados, decidimos que más valía eso que quedarse en casa genados. Quedamos a las 11 en el banquito, y Juanjo propuso que en vez de ir de copas por allí, que podía pillar una botella de vodka (barato) y otra de Ballantines que tenía por su casa. Raquel y yo, como alcohólicas empedernidas que éramos, nos pareció una idea estupenda, que además la pela es la pela, y no estábamos como para ir derrochando. Bueno, pues Juanjo sube a su casa en un santiamén y coge las botellas. Cuando le vemos bajar a Raquel y a mí nos entra la risa, porque Juanjo había metido las botellas en una bolsa de leopardo y con las asas rosas, pero que según el, era mejor ahí porque esa bolsa no se transparentaba y era mucho más discreta. Total, que con la bolsa de leopardo bajo el brazo, emprendemos el camino hacia el barrio del Carmen, un martes por la noche, nosotros tres solos. (Sí, somos unos atrapaos’, ¿qué pasa, eh?). Cuando ya íbamos por las torres de Quart, nos encontramos con la primera sospresa que nos deparaba la noche. De repente, nos quedamos los tres petrificados, mirando el balcón del primer piso de una finca, dónde había, lo que a primera vista nos pareció una muñeca japonesa de porcelana a tamaño natural. En esos momentos, mientras yo me aferro al brazo de Juanjo, nos damos cuenta de que la “muñeca” está moviendo la cabeza y los labios. Cruzamos a la acera de enfrente para ver mejor qué cojones era eso, y entonces sí que podemos apreciar que se trata de una mujer con una mascarilla blanca de esas exfoliantes, un gorro verde en la cabeza para los rulos, una bata de ir por casa, y que a la vez estaba hablando por el móvil. Respirando ya más tranquilos, ( xD), reemprendemos la marcha. Apenas cinco minutos después, cuando íbamos por la calle de Quart, una chica que iba en bicicleta nos para y nos pregunta si podemos entrar al kebab y comprarle algo de comer. Ninguno de los tres entendía a qué se refería, porque como iba bien vestida, nos extrañaba que nos estuviera pidiendo, pero por otro lado, para qué queria ella que le comprasemos nosotros el kebab, que ella no podia entrar o qué? Total, que los tres callados. Yo confiaba en que uno de los otros dos le contestara algo, pero se ve que Raquel y Juanjo pensaban lo mismo, y ahí seguíamos los tres como unos pasmarotes. Pasó casi un minuto y la chica ya se estaba impacientando, y entonces, yo tuve que decirle: “No, es que no llevamos dinero, lo siento”. Menos mal que entonces Juanjo también intervino, diciendo: “Si no tenemos ni para comprar alcohol, que lo traemos ya de casa” Y entonces le enseñó la bolsa de leopardo con las botellas dentro. La chica le dijo que si por lo menos tenía un cigarrito, y Juanjo: “Ves, eso sí”. Se lo da, y le dice: “¿Quieres fuego?” Y cuando le dio fuego, cogió a Juanjeras de la mano, y después nos contó que la tenía rasposa y quemada de la heroína, y que cuando sonrió estaba mellada. Cuando la yonki se fue, aterrados, continuamos hasta la plaza, y después de ojear el terreno, elegimos un buen sitio para sentarnos. El portal de al lado del Oasis. Nos sentamos y empezamos a montar el picnic: vasos, Fanta, Vodka, y Ballantines. Inauguramos la noche con unos cubatas, pero cuando nos cansamos, empezamos a hacernos chupitos de vodka, pero chupitos de medio vaso lleno. Entraban que daba gusto, pero poco a poco empezamos a ponernos más tontos. Cada vez que teníamos que brindar, surgía la discusión: yo insistia en que brindásemos por Férran, Raquel por los novios, y Juanjo cada vez decía una cosa. Tardábamos una eternidad en ponernos de acuerdo, y al final cada uno brindaba por lo que le daba la gana. Que conste que yo seguía fiel a Férran y brindaba por él todas las veces. Ahí ya empezamos a desvariar, contándonos las intimidades sexuales, y manteniéndo un debate sobre el sexo oral. No voy a entrar en detalles, pero no tuvimos secretos, excepto Juanjo, que no nos quiso responder a una pregunta, pero Raquel y yo extraímos nuestras propias conclusiones al ver su cara. A todo esto en apenas media hora nos habíamos cascado las dos botellas. Nos levantamos a dar una vuelta, y llegamos hasta la plaza del Carmen. Por el camino yo vomité y gracias a una rápida preparación de Juanjo, no fue un gran desastre, ni me manché ni nada. Ahí ya íbamos los tres ciegos, pero de momento todavía nos aguántabamos de pie, y yo podía hablar, es decir, que estábamos relativamente bien en comparación a como acabamos, especialmente yo. Nos sentamos en un banco y Juanjo empieza a liarse un porro, y Raquel se empeña en probarlo. Que conste, que yo intentaba convencerla de que no lo hiciese, pero claro, tampoco soy la más indicada para dar consejos, y mayormente no me hizo ni puto caso. En ésas estábamos cuando divisamos a un grupo de personas del sexo opuesto. Yo dejo a Raquel y Juanjo fumándose el peta, y les digo: “Voy a hacer amigos, ahora vengo”. Por supuesto no dudé en autopresentarme y empecé a charlar con ellos animadamente. No me acuerdo de cómo se llamaban, sólo de uno: Diego, que era de Nápoles (uf, uf) (L). Total, que cuando acabaron de fumar, (Raquel se quería hacer otro, que le había pillado el gusto, pero Juanjo tuvo más cabeza y dijo que ya estaba bien por esa noche), Juanjo y Rakel se vinieron a hablar también con los italianos, que a todo esto hablábamos en inglés y era un cachondeo. De esto no me acuerdo mucho, sólo que Raquel vino a hablar con Diego, y yo de mala hostia le solté: “Tú te piras que yo lo he visto primero” xD. Fue entretenido a hablar con los italianos, porque además yo les conté que había estado de viaje de fin de curso en Italia, y que Italia era great, great! A partir de que los italianos se fueron, es cuando a mí me pegó el petardazo y ya empecé a desvariar demasiado, que de hecho, de esto ya no me acuerdo mucho, lo sé por que Juanjo lo contó al día siguiente. Ya no veía casi, lo veía todo borroso, que no distinguía ni a los tíos de las tías, y además seguía hablando en inglés, porque ya tenía puesto el chip de los italianos y le había pillado el tranquillo a conversar en inglés. Repentinamente me entraron ganas de mear, y dije que quería ir ya, y además Raquel, quería hacerse un chupito de absenta. Juanjo, que era el que mejor pensaba en esos momentos dijo: “Vamos al Oasis y así matamos dos pájaros de un tiro, Aurora mea, y Raquel se pide la absenta.” Nos dirigimos al Oasis, y cuando al fin conseguimos llegar, yo entro delante a trompicones, y toda la gente del Oasis se nos queda mirando. Raquel iba detrás de mí, siguiéndome conforme yo me iba haciendo paso entre la gente. Citando palabras textuales suyas: “Eras como mi líder”. xDD. Cuando al fin llego al final del bar, el camarero, se tiene que apartar y todo para dejarme pasar, que si no se llega a quitar le atravieso, porque como iba andando a trompicones no podía ni parar. Con decisión, de un manotazo aparto la cortina y entro al baño. El pobre Juanjo, muerto de vergüenza, pasa detrás de Raquel, mientras todo el mundo seguía observando la escena. Aquí hay un espacio en blanco, que como Juanjo no estaba, no sé lo que pasó. Pero como tardábamos Juanjo quiso entrar al baño para ver si estábamos bien. Entró al baño y me vio a mí tirada en la pila, y Raquel estaba dentro del váter. Quiso abrir la puerta para ver si Raquel también estaba bien, pero Raquel, enfurecida, le grita: “Que te esperes, que estoy meando, ¡¡fuera!!” Y Juanjo: “¡Pero que sólo he venido para ver si estás bien!” Ra: “Que FUEERA”, y le cerró la puerta en las narices dejándolo fuera. Cuando por fin acabamos y salimos, Juanjo dijo de volvernos a casa. A nosotras nos pareció bien, que ya estábamos reventadas, pero aquí es cuando empezó la odisea. Yo ya no podía andar bien, que cada tres pasos me caía, y Raquel también quería vomitar. Desde la plaza del Carmen hasta la plaza del Tossal, tardamos media hora de reloj en llegar. Pero claro, normal que tardásemos tanto, si Juanjo me tenía que recoger del suelo cada 10 metros, y encima Raka decía: “Juanjo, no te preocupes, que yo te ayudo” Y entonces me cogía del dedo meñique y hacía como que estaba haciendo mucha fuerza. En una de ésas estábamos, cuando íbamos los tres uno al lado del otro, yo en medio, y ellos dos cogiéndome a los lados. Entonces yo me volví a caer, y al caerme yo, empujé a Raquel, que como también estaba mareada también se cayó al suelo. Por lo menos yo me caí de lado y no me di en la cabeza, pero la pobre Ra se cayó de espaldas y se dio un golpe en la cabeza (de ahí el chichón enorme que tenía al día siguiente). Cuando ya estábamos en el suelo, pasó un argentino heavy (según la descripción de Juanjo), que dice Raquel que iba en bicicleta, y Juanjo que iba andando, pero tal como iba Ra, me fío más de Juanjo. Bueno, lo que decía, que nos mira el argentino y le dice a Juanjo: “Si están borrashas, mejor aposhálas en la pared sentadas”. Juanjo fue a hacer eso, pero al agacharse, como el también iba bonico, pues se cae también al suelo de golpe. (Me imagino esta escena y me hace gracia) xD. Cuando se levanta, nos apoya en la pared y nos paramos los tres ahí a descansar. Después continuamos haciendo camino hasta que llegamos a la plaza del Tossal. Ahí Juanjo ya estaba desesperado, porque sabía que a ese ritmo no podíamos llegar a casa. Pensó: “O pasa algo bueno ahora o la hemos cagado”. Y efectivamente pasó. Cuando Juanjo ya me había levantado del suelo después de que montara el cuadro en la plaza del Tossal que estaba a parir, estabamos los tres parados, y en eso se nos para un todoterreno delante de nosotros. Baja la ventanilla y nos dice el hombre: “¿Chicos, queréis que os lleve? Juanjo, lógicamente desconfiaba de un completo desconocido, y empezó a decirle: “No, gracias, no hace falta, nosequééé…” Pero mientras él estaba diciendo eso yo a la vez estaba ya diciendo: “Sí, sí, gracias”, y subiendo al coche. Juanjo, flipando, mira a Raquel y le dice: ¿Qué hacemos? Como diciéndole “Bueno,evidentemente, no vamos a subir ahí , vamos a decirle a Aurora que se baje del coche” Entonces Raquel suelta: “Vale, yo sí que voy” y se sube al coche. Juanjo no tiene otro remedio que subirse al coche. Menos mal que cuando veníamos de la plaza del Carmen me preguntó que dónde vivía, y estuvo tres horas para sonsacármelo, porque entre que yo hablaba mal, y él tampoco me entendía, pues… Gracias a Dios, por el camino ni Raquel ni yo potamos en la tapicería del amable prójimo. Cuando al fin llegamos a mi casa, dimos las gracias al señor y nos bajamos. Estábamos en mi portal, y Juanjo me decía que sacara las llaves. Yo esa noche tenía que dormir en casa de mi abuela, entonces las llaves que tenía eran de su casa. Como no sacaba las llaves, Juanjeras me cacheó hasta que las encontró y las cogió de mi bolsillo. Me preguntó cual era la de bajo, pero yo cuando señalaba las dos llaves, señalaba las dos a la vez, o las tiraba al suelo de un manotazo. Pero Juanjo pensó que si sólo habían dos llaves, una de las dos sería, y empezó a probar. Primero, de lo ciego que iba el también, no acertaba con el picaporte, que intentaba meter la llave y o la clavaba más arriba o más abajo. Un rato después, cuando ya había intentado meter las dos llaves que lógicamente no entraban porque eran las de mi abuela, no tuvo otro remedio que llamar al timbre. “Pi, pi piiiii. ¿Diga? Oiga, somos los amigos de Aurora, que es que le debe de haber sentado mal la cena y se encuentra un poco mal. ¿Puede bajar a por ella? Sí, sí, claro, ahora bajo.” Mi madre bajó y se vio el panorama. No me imagino la cara que pondría pero tampoco me la quiero imaginar. Juanjo le dijo a Ra que se esperara sentadita en mi portal, que ellos me subían a casa y que él ahora bajaba. Cuando llegué a casa, pues mi madre me acostó a dormir la mona, y tal ( es que de eso no me acuerdo mucho, y tampoco he querido preguntárselo a mi madre). Bueno, cuando Juanjo bajó otra vez, se encontró que Ra se estaba durmiendo sentada. Le dice: “Venga Raquel, que ya nos vamos, voy a ayudarte a levantarte”. Entonces Juanjo, se puso detrás de ella, para levantarla y apoyó su mano derecha en el suelo. Pero de repende, siente algo húmedo, y le sube el olor a potado: ¡Había apoyado la mano encima del potado que Ra había echado mientras subía a dejarme! Juanjo, asqueado (lógico), se limpia la mano en la camiseta (Por Dios! xD) y prueba al otro lado. Pero la historia se repite, porque Raquel, que no había tenido suficiente con vomitar en un lado, también había tenido que hacerlo en el otro. Total, que doble asco. Bueno, como pudieron, llegaron hasta casa de Raquel. Raquel tampoco se acuerda bien de lo que pasó cuando llegó a su casa, si habló con su madre o no, pero lo que si que pasó es que su madre también se enteró de que iba borracha, porque también le riñeron un poco. Tal como llegó se acostó, dejando los zapatos por ahí tiraos, el movil en el suelo apagado de una de las múltiples hostias, y el pantalón lo guardó en el armario la muy cerda ( menos mal que al día siguiente cuando se acordó lo sacó enseguida y lo tiró a lavar).
A la mañana siguiente, yo me desperté con una resaca de muerte, y desconcertadísima, que no me acordaba de nada. Raquel también se despertó bastante resacosa. Por la tarde nos reunimos los tres, que teníamos muuchas cosas de las que hablar. A mí me contaron toda la historia del todoterreno, que yo ni me acordaba. Cuando lo contábamos, nos partíamos de risa, pero en el momento yo lo pasé fatal eh?, que creía que me moría! Yo tuve la típica charla con mi madre, que me salió la jugada bastante bien, con eso de “Mamá es que como era la primera vez que bebía, pues claro, yo no sabía que eso me iba a sentar así, si sólo fueron dos chupitos…” Y bueno, que de los errores se aprende.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.
No volveré a beber sin control.